Una gripe ha sido la peor asesina de la historia de la humanidad. En tan solo un año entre 50 y 100 millones de personas murieron a causa de esta devastadora enfermedad.
Esta cifra de muertos, que incluía una alta mortalidad infantil, se considera uno de los ejemplos de crisis de mortalidad.
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Hospitales improvisados |
La enfermedad se observó por
primera vez en Fort Riley, el 4 de marzo de 1918. Un investigador asegura que
la enfermedad apareció en el Condado de Haskell, en abril de 1918. Y, en algún
momento del verano de ese mismo año, este virus sufrió una mutación o grupo de
mutaciones que lo transformó en un agente infeccioso letal; el primer caso
confirmado de la mutación se dio el 22 de agosto de 1918 en Brest, el puerto
francés por el que entraba la mitad de las tropas estadounidenses Aliadas en la
Primera Guerra Mundial. Fue llamada gripe española porque la pandemia recibió
una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que
España no se vio involucrada en la guerra y por tanto no censuró la información
sobre la enfermedad.
Con el fin de estudiar la gripe
española, los científicos han empleado muestras de tejido de víctimas congeladas
para reproducir el virus. Dada la extrema virulencia del brote y la posibilidad
de escape accidental (o liberación intencionada) de la cuarentena, hay cierta
controversia respecto a las bondades de estas investigaciones. Una de las
conclusiones de la investigación fue que el virus mata a causa de una tormenta
de citocinas, lo que explica su naturaleza extremadamente grave y el perfil
poco común de edad de las víctimas.
Se desconoce la tasa de
mortalidad de la pandemia de 1918/1920, pero se estima que murieron del 10% al
20% de los infectados. Con alrededor de un tercio de la población mundial de
aquel tiempo infectada, esta tasa de letalidad significa que entre un 3% y 6%
de la población mundial murió. La gripe pudo haber matado a 25 millones de
personas en las primeras 25 semanas. Estimaciones más antiguas indicaban que
murieron entre 40 y 50 millones de personas, mientras que estimaciones actuales
mencionan entre 50 y 100 millones.
Se estima que en China murieron
30 millones, aproximadamente el 35% de la población de aquella época,
alcanzando una mortalidad del 40% de la población en algunas zonas. En el
Ejército de China, al menos el 35% de las tropas que se enfermaron murieron. En
los Estados Unidos, cerca del 28% de la población padeció la enfermedad y
murieron de 500.000 a 675.000 personas. En el Reino Unido murieron 250.000, en
España 200.000 (el 1% de la población), en Francia 400.000 y en Italia una cifra
similar. En la India británica fallecieron de 1014 a millones. Las estimaciones
sobre el África subsahariana hablan de 1,5 a 2 millones de víctimas. En Alaska
(en el pueblo inuit de Fairbanks de los 80 habitantes, 78 murieron en sólo una
semana) y en Sudáfrica, murieron comunidades enteras. En Australia murieron
unas 80.000 personas y en Fiyi murió el 30% de la población en sólo dos
semanas, mientras que en Samoa Occidental el 40%. En Chile murieron 24.000
personas.
Tras registrarse los primeros
casos en Europa, al parecer en Francia, la gripe pasó a España, un país neutral
en la guerra y que no censuró la publicación de los informes sobre la
enfermedad y sus consecuencias, de ahí que, pese a ser un problema
internacional, se le diera este nombre por parecer en las informaciones de la
época que era el único país afectado. España fue uno de los países más
afectados con cerca de 8 millones de personas infectadas en mayo de 1918 y
alrededor de 300.000 muertes (a pesar de que las cifras oficiales redujeron las
víctimas a «solo» 147.114 personas).
Aunque la Primera Guerra Mundial
no causó la gripe, la cercanía de los cuarteles y los movimientos masivos de
tropas ayudaron a su expansión. Los investigadores creen que los sistemas
inmunológicos de los soldados se debilitaron por la tensión del combate y los
ataques químicos, incrementando las probabilidades de contraer la enfermedad.
Un factor en la transmisión de la
enfermedad fue la cantidad de viajes de los combatientes. La modernización de
los sistemas de transporte posibilitó que los navegantes propagaran más
rápidamente la pandemia sobre un abanico más amplio de comunidades.
Estudios recientes
El 26 de febrero de 2001 en PNAS
se reconstruyó por primera vez un virus de gripe con la secuencia del segmento
NS del virus de 1918 y con la secuencia de un virus adaptado en ratones. Los
investigadores reconstruyeron ese virus quimera y evaluaron su virulencia.
Los investigadores que realizaron
este trabajo comprendieron que la clave para entender el potencial de
virulencia de una cepa de virus de gripe pasaba por estudiar su patrón
molecular y las características fenotípicas asociadas a su secuencia genética,
en otras palabras, la clave para entender la virulencia de una cepa de gripe
requiere manipular la secuencia genética del virus y estudiar su
comportamiento. La técnica biomolecular que permite realizar tales estudios
recibe el nombre de Genética Reversa. La genética reversa se basa en la posibilidad
de «rescatar» un virus de novo a partir de la expresión de su material
genético. La expresión coordinada del genoma de un virus en una célula usando
vectores de expresión permite que se produzcan todos los factores necesarios
para la creación del virus.
Un equipo multidisciplinario,
capitaneado por el burgalés Adolfo García-Sastre, uno de los padres de la
genética reversa del virus de la gripe, se propuso en el 2003 la titánica tarea
de encontrar las causas que propiciaron la pandemia de virus de la gripe de
1918. Los investigadores que participan en este proyecto pretenden encontrar
esas causas analizando las características moleculares distintivas de este
virus pandémico. El equipo engloba junto con el grupo de Adolfo García-Sastre a
los grupos de Peter Palese, Ian Wilson, Christopher Basler, Michael Katze y
Jeffrey Taubenberger.
El 6 de febrero de 2004 en
Science se publicó un artículo realizado por dos equipos de investigadores, uno
dirigido por Sir John Skehel, director del Instituto Nacional de Investigación
Médica (National Institute for Medical Research) de Londres y otro por el
profesor Ian Wilson del Scripps Research Institute de San Diego habían obtenido
la síntesis de la proteína hemaglutinina responsable de la epidemia de 1918 de
Gripe Española juntando ADN procedente del pulmón de una mujer inuit encontrada
en la tundra de Alaska y de muestras preservadas de soldados estadounidenses de
la I Guerra Mundial.
El 5 de octubre de 2005 también
en Science, se publica por primera vez en la historia la reconstrucción de un
virus totalmente extinto, el virus de la gripe de 1918 (H1N1). El virus fue
totalmente reconstruido in vitro a partir de las secuencias obtenidas del
análisis de muestras históricas de tejidos realizadas por el grupo de Jeffrey
Taubenberger. Según el informe, después de varias décadas los científicos
lograron recrear el virus con ayuda de técnicas de genética inversa, para
'volverlo a la vida' en un laboratorio de bioseguridad de nivel 3, de los
Centros para el Control y Prevención de Enfermedades en Atlanta. Sus efectos
fueron estudiados en ratones, embriones de pollo y células pulmonares humanas,
empleando para ello diversas versiones fabricadas con genes de otros virus gripales,
y así efectuar comparaciones y descubrir los elementos que lo hicieron tan
mortífero. Al igual que el original, el virus reconstituido mató en pocos días
a los ratones, y se comprobó que también mataba a los embriones de pollo, del
mismo modo que el virus aviario H5N1.
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